Crónicas de Littlemore
En algún momento consideramos la idea de desestimar esta visita. Es lo que sucede cuando uno viaja. La capacidad de asombro rápidamente encuentra su límite si los elementos se repiten: muchas iglesias, muchas vacas, muchos castillos, algunos puentes. La misma carretera, aunque varíe su entorno. Habíamos estado ya en el oratorio de Birmingham, el que san John Henry Newman había fundado. ¿Qué podría superar en belleza o en elocuencia lo que habíamos vivido allí? Entre ventanas de lluvia, nos sorprendió el cielo despejado, y partimos. Recuerdo la contienda que se libraba en mi interior. Yo no quería alejarme de Oxford, ni siquiera en distancias cortas. Habíamos venido con el objetivo de seguir los pasos de escritores que yo amaba. Incluso había logrado saldar mi deuda personal de alzar un vaso de cerveza en cada sitio inspirador de sus versos inmortales, que ahora llevaba conmigo como estandarte de gracia, más allá de toda pena y toda angustia. Cualquiera en mi lugar se habría sentido t...