Bendita negación
Tantos años fui maestra, y conocí muchos tipos de madre, pero quiero detenerme en uno muy preciso, que además y sin que lo supiera, salpicó las paredes de mi infancia. Me refiero a aquella que tiene la misión más especial de todas: la de sostener, guiar y fortalecer a un hijo enfermo. En ella descubrí, ante la mención del diagnóstico, una suerte de resistencia o negación terminante que abraza con vehemencia la idea de que su hijo saldrá adelante. Es la misma negación que muchas veces sufrí de mi propia madre cada vez que yo hablaba de mis limitaciones. “Vos vas a poder”, me decía, incluso con enojo. No me permitió jamás dudar de lo que era capaz de hacer y eso me frustraba, pues lo consideraba como una falta de aceptación suya, de irracionalidad. “¿No ve que no puedo? ¿Por qué insiste?” Como si estuviera mal no poder, como si debiera poder. Caí en la cuenta de este, mi enojo injusto, cuando descubrí esa misma resistencia en otras madres con una historia parecida a la nuestra: esa ...